Sobre la felicidad

septiembre 19, 2010 at 6:45 am 1 Comentario

Tenía ya varias semanas pensándolo, pero ese día no pude más. Entre el cáncer de mi abuela que me hizo entrar en un luto anticipado algunos meses antes, y que mi trabajo cada día me gustaba menos, renuncié. Hice unas cuantas maniobras para evaluar la posibilidad de regresar a mi trabajo anterior y surgió una oportunidad muy buena para unos meses después, así que decidí tomarme unas merecidísimas vacaciones. Ahí fue cuando inició la aventura.

Lo primero que hice fue irme por tres semanas a Tijuana a visitar a mi familia de allá, que son tan divertidos y ocurrentes, que tienen la particularidad de levantar el ánimo de cualquiera, y así fue. Desde el primer día pasar tiempo con mis primos y tíos empezó a hacerme olvidar de las presiones de la ciudad…bueno, eso y uno que otro trip al otro lado de la frontera a perjudicar mi tarjeta de crédito… terapéutico aquello.

Entre mis aventuras, estuve en el zoológico de Santa Bárbara, pasé por Hollywood Boulevard, tomé una foto de Randy’s Donuts, comí en el Cheescake Factory y estuve en la Ordenación Sacerdotal y en la primera misa de Kike, quien ya no podrá tener novias, pero seguramente hará sentir especiales y queridas a muchísimas personas, yo me incluyo. Kike vino a estudiar teología al DF, así fué como lo conocí junto con otro clan de personajes religiosos, entre ellos mi primo Bebo (a quien debo mi nickname de “La Beba”) y con quienes afortunadamente he convivido por algo así como 5 años, de todos ellos Kike ha sido mi mejor amigo, y este evento fue algo parecido a estar en su boda.

Pero lo más importante que pasó en este viaje, además de la ordenación de Kike, fue el encuentro con la Tía Silvia. Esta señora, que en realidad no es mi tía, sino la hermana del esposo de una tía abuela, tiene la característica de que puede leer el Tarot, y entre las leyendas que se cuentan de ella, se dice que ha comunicado predicciones bastante precisas sobre el futuro de las mujeres de la familia, incluyendo a mi mamá.

La Tía Silvia me hizo partir las cartas en tres. Cuando volteé las tres cartas de arriba, salieron las figuras de dos monos, uno de ellos en caballo (No sé de estas cosas esotéricas exóticas, sólo sé que eran dos monos) y una tercera que era un as. La Tía Silvia me dijo que “ya no me las podía echar” y me asusté. Y entonces me explicó que ese as significa que tengo la felicidad conmigo. Sólo me confundió más. Después me dijo que estoy justo en el momento en el que puedo triunfar, que ya no había nada que me pudiera decir, porque yo ya tengo la felicidad en mis manos, que no necesito nada y que me considerara afortunada, porque eso es lo mejor que le puede pasar a alguien en el Tarot ¿Quihubo? . Los monos, aparentemente eran dos hombres, un moreno y uno blanco. El blanco, según la Tía Silvia, iba a ser una persona muy importante.

Fue todo lo que me dijo. Por supuesto me quedé decepcionada, ¡Yo quería detalles! Todos los pormenores, quién era el moreno, quién el blanco, cuantos hijos voy a tener, llegaré a ser empresaria, escribiré libros, todo eso, pero pues no, sólo me dijo que yo ya tenía la felicidad en mis manos. El problema es que no la veía por ningún lado. La Tía cuando vió mi cara me dijo “Ese es tu problema niña, nunca estás contenta con nada”. ¡MOCOS! Eso dolió…

Anyway, ese día no entendí nada. No fue hasta varios días después que entendí como estaba la onda, y la onda está así: Voy a ser feliz. Porque quiero y porque puedo. Porque tengo una familia extraordinaria, porque tengo grandes amigos, estudio una maestría en una materia que me apasiona y porque pronto iniciaría un trabajo nuevo donde, sólo porque me da la gana, voy a ser feliz.

Decidir ser feliz no es nada fácil. Estoy segura de que la Tía Silvia hacía varios meses me hubiera podido decir lo mismo, finalmente mi vida no ha tenido grandes altibajos, pero el papel del ser sufrido, es infinitamente más conveniente. En temas de amor, es más fácil buscar el amor que tenerlo, y ciertamente estuve muchos años diciendo que buscaba amor, cuando realmente no quería encontrarlo. Decidí también dejar de buscar amor y simplemente encontrarlo, aunque podía correr el riesgo de tardarme mucho, o de que simplemente no sucediera, pero no importa porque yo estaba a punto de empezar a ser voluntariamente feliz.

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1 comentario Añade el tuyo

  • 1. Sandra  |  septiembre 21, 2010 a las 11:15 pm

    lo demas creo q ya lo se!

    me da muchisimo gusto q estes feliz!

    Responder

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