Domingo de Resurrección
abril 23, 2011 at 11:00 pm Deja un comentario
Soy Católica. Me acuerdo que por ahí de 2005 pasé por un momento muy triste en el que me encargué de alejar de mí a todas las personas que me quieren. Unas nunca se fueron, otras volvieron, otras no.
En el momento más obscuro, fue un gran amigo, un sacerdote Franciscano quien me dijo algo que en definitiva, necesitaba escuchar: “No cometas el pecado de Judas”. Me preguntó si sabía cuál era el pecado de Judas y por supuesto que lo sabía: Vender a Cristo… y no, no es ese, el verdadero pecado de Judas fue creer que no merecía perdón. Esa es la fe Católica que me conquistó, la que promueve el perdón.
Después vino una avalancha afortunada de experiencias positivas con la fe y con dignos promotores de la convicción, que no se parecen nada al Norberto de las noticias y que dignifican el nombre del catolicismo de la misma manera que los que salen en la tele la ensucian, pero como pasa en nuestro país, la gente que hace bien su trabajo, es siempre anónima.
Esta gente me ayudó a salir de una crisis en aquel triste 2005, me enseñó el verdadero sentido de Caridad, de comunidad, de generosidad, de bondad, de escucha, de empatía, de alegría y de convicción. Sobre todo de esta última. De como quien quiere hacer las cosas bien, muy a pesar de escándalos de pederastía y de corrupción, se limita a orar porque los pecados de los corruptos sean perdonados (…como Judas) y a seguir trabajando porque este mundo sea un poco más amoroso y feliz.
Esta gente me ayudó a entender que la felicidad viene de dentro de uno, que ni pararme en misa todos los domingos ni repudiar el aborto y el uso de anticonceptivos me va a hacer una mejor persona y que lo único que me haría más digna era amar a los demás sin importar sus errores y tener una actitud de proponer y no de censurar.
Entendí lo que significa una misa, que es mucho más que ir a escuchar hablar a un merolico y a comerte una ostia con vino, entendí que si la misa es sólo eso para mí entonces no tiene ningún caso pararme en la iglesia todos los domingos cruda y sin ganas.
En cambio empecé a ir todos los miércoles a una donde habíamos pocos feligreses pero todos éramos amigos, todos nos dábamos la paz de corazón, no con un apretón de manos diplomático sino con un abrazo fraterno y buenos deseos. En esta misa no había pobres ni ricos, ni bugas ni gays, ni viejos ni jóvenes, éramos una comunidad, uno para todos y todos para uno, como Cristo hubiera querido. Compartíamos la eucaristía, y después ¿Por qué no? Las cervezas y las papitas, la risa y el llanto, lo bueno y lo malo.
Y Dios está ahí, aunque no se hable de él, porque cuando los amigos están ahí para ti, porque cuando uno está ahí para los amigos, porque cuando todos rezan de todo corazón por el bienestar de otro, ni siquiera necesitas mencionar a Dios, ni repetir oraciones aprendidas, Dios está ahí porque Dios es mucho más que un mono ensangrentado en una cruz, Dios son las ganas de estar ahí para los demás cuando te necesitan, de hacer reír a alguien que está triste o de escuchar a alguien que lo único necesita es desahogarse.
Este Domingo que Jesús resucita, quiero que con estas letras que escribo, por lo menos la gente que me lee, sepa que hay personas en la iglesia católica que han cambiado mi vida de todas las maneras posibles, que me han enseñado de frente la cara de Dios y que siguen ahí trabajando mucho y esforzándose por hacer de este un mundo mejor aunque nadie allá afuera los tome en cuenta.
Cesarín, Agustín, Aquilino, Bebo, Kikirikí, Dany, Carlitos, Pepe (Tiago), Angelito, Checo, Pecruz, Chepe, Juanjis, Javiercín, Señor Sheffield, Luisito, Samuelín, Buki, Peñis, Toñito, Teto, Dania, Armando: Infinitas y eternas gracias porque sin todo lo que me han dado, simplemente no sería yo. Que ese Dios que ustedes me enseñaron, que perdona, que apoya, que ríe y baila, que es amigo y no verdugo, cuide siempre sus vocaciones y más vidas como la mía sean bendecidas.
Su amiga (y Fan) Beba.
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