Archivo para junio, 2011
En la recta final de la maestría
Para mí nunca ha sido fácil concluir lo que empiezo. De niña y adolescente estuve en clases de Ballet, de Jazz, de guitarra, de hawaiano, en la estudiantina, en el coro, en creación literaria, en pintura y difícilmente llevaba los proyectos a su fin. Mi primer caso de éxito fue en Mazatlán en Marzo de 1999 cuando presentamos mis compañeros y yo la obra El Diluvio Que Viene. Después de eso seguí dejando proyectos inconclusos por la vida y es por eso que en este momento, estar terminando un postgrado que yo elegí, que yo pagué, y que ha sido una decisión enteramente mía, es un hecho que no tiene precedentes.
Hoy soy casi Maestra en Educación, y jamás lo hubiera logrado sin esas personas que hasta el momento, hicieron una diferencia en mi vida y a quienes tengo un profundo cariño y nombraré a continuación: La primera es mi Abuela Yoya (QEPD), la maestra que me enseñó desde como combinar una bolsa con unos zapatos hasta como contener las lágrimas para no mostrarse vulnerable
A mi tía Gabriela Soto-Laveaga, que desde niña fue el primer modelo de pasión por el conocimiento, de nunca conformarse con menos y de disfrutar todos los pequeños detalles que nos regala la vida.
A mi tía abuela Consuelo Laveaga de Soto, persistente, luchadora y con una capacidad de amar que no dejó vencer, y hasta la fecha es muestra de que quien no arriesga, no gana.
A mi padre, el Contraalmirante Carlos Ortega, la idea más clara que tengo de la palabra Héroe, y quien siempre ha estado ahí para recordarme que la única manera de hacer las cosas es la mejor posible.
A mi madre, Vicky Arámburo, el ejemplo tangible y visible de que la felicidad es una perspectiva de la vida y no una utopía a la que hay que aspirar.
A mi hermano Carlos Ortega Arámburo, probablemente la persona más inteligente que conozco, y quien día con día me enseña otra manera de ver la vida que me enriquece como ser humano.
A la familia Peña Arámburo, por contener en sí misma todas las formas de amor que existen.
A mi primo, el P. Roberto Pantoja M. Sp. S., mi amigo el P. Enrique Bedolla M. Sp. S., Fr. César Román Lozano y los Misioneros del Espíritu Santo, de quienes he aprendido una espiritualidad que une a las personas y no las divide, que las hace sentir acogidas por Dios y nunca juzgadas.
A la familia Perez Rico González, que son mi familia también.
A Diana, Karina, Astrid, Inés, Sandra, Martha, Rodolfo, Mauricio, Israel y David: Maestros, consejeros, hermanos, compañeros en las buenas, en las malas, en los triunfos, en el dolor y sencillamente los mejores amigos que una persona puede tener.
A César, Ricardo y Carlos, por quienes siento una profunda admiración y definitivamente sin quienes este proyecto no existiría, pues son ellos quienes fundaron Quarksoft, mi lugar de trabajo y segunda casa. Su trabajo me ha enseñado que los grandes proyectos comienzan con un sueño, pero que no basta con soñar para cumplirlo, que uno debe tener fe, entregarse y trabajar sin descanso por él. Lo único que puedo decirles es: Gracias por dejarme ser parte de su sueño, gracias por dejarme aportar un poquito de lo que soy y de lo que sé para que Quarksoft sea lo que ahora es también mi sueño. Gracias por dejarme vivir a diario todo el potencial que hay en nuestro país para que existan empresas verdaderamente comprometidas con la Calidad en todo lo que comprende la palabra.
Por último quiero agradecerte a ti que le das la razón de ser a este esfuerzo, a ti que tienes el privilegio de convertir fórmulas y código en soluciones para hacer nuestras vidas más fáciles.
A ti que te has pasado noches sin dormir o domingos frente a una máquina luchando contra el cansancio y el fastidio para llegar a solucionar un problema, que te esfuerzas por hacer lo mejor para tu cliente aunque entiendas que tal vez no tiene sentido lo que te está pidiendo, que nunca te cansas de aprender cosas nuevas y que vives en constante búsqueda de lo que lleve a realizar tu trabajo cada día mejor y te llevas el trabajo a casa, muy a pesar de sacrificar la convivencia con tu familia o amigos.
A ti que terminas de trabajar y llegas a tu casa a seguir programando en proyectos personales, sólo por lo mucho que te gusta. Eres mi ejemplo de disciplina, talento, genialidad, perseverancia, has padecido redes y ser que se caen, líderes que no te comprenden, clientes que piden lo imposible o bien que no saben qué pedir.
Gracias por dejarme conocerte, comprenderte y trabajar para tí, gracias por convertirte en una de las razones por la que cada día trato de ser una mejor profesionista.
“You know? You can remove men like Alan and me from the system, but we helped create it. And our spirit remains in every program we design for this computer.”[1]
Diálogo de la película Tron. Disney 1980
[1] “¿Sabes? puedes deshacerte de hombres como Alan y yo del sistema, pero nosotros ayudamos a crearlo, y nuestro espíritu permanecerá en cada programa que diseñamos para esta computadora”
Gracias.
Gracias por decirme que no podía, gracias por creer que no tenía ganas de hacerlo, gracias por cuestionarme, gracias por decirme indecisa, gracias por decirme “Poco inteligente”, gracias. Gracias.
Gracias por hacerme entender que el problema no era yo.
Porque si hoy soy segura de mí, si hoy sé que puedo y quiero lograr lo que me de la gana, si se explicar por qué soy lo que soy y por qué hago lo que hago, si soy determinada y puedo hacer lo que me proponga, precisamente porque soy INGELIGENTE.
Hoy mi vida es una permanente solución, es ver la luz en el túnel, el Ying en el Yang. Hoy hago, completo, resuelvo, vivo por mí y para mí.
Amo lo que hago tanto como cuando decías que no podía. ¿Y qué crees? Que si puedo.